lunes, 27 de julio de 2015

Capítulo 2: Viejas amigas.

Llevaba sin ver a Oseye 3 ciclos, algunos la dieron por muerta pero yo aún sentía el calor de su amistad latir en mi pecho.

Los años fueron difíciles sin ella, no tenía quién me defendiera, ni con quien jugar, ni con quien compartir secretos, tuve que valerme por mí misma, comencé a ejercitar mis músculos cada mañana, y a controlar mi habilidad sobre el diamante. Mi importancia a las demás personas era indiferente, si alguien me insultaba lo callaba de un golpe, o si veía injusticias por parte de los mayores, los callaba a palabras.

Una mañana, caminaba por el bosque donde lo hacía con Oseye, y me adentré más allá de la espesa vegetación, hasta encontrarme con una grieta que brillaba con el sol, dentro de ella saqué una roca muy blanca y transparente, era hermosa, sólo yo debía poseerla. La enredé con una cinta de mi vestimenta y me la até en el cuello. Esa hermosa piedra comenzó a darme una energía sorprendente, sentía que podía aplastar a todos con mi meñique, entonces cuando me encontraba en mi punto más alto de gloria escuché una voz que venía desde atrás.

-Perdiste peso ¿eh? Me agrada-

-¿Quién eres?- Pregunté estúpidamente, aunque creía saber la respuesta.

-¡Ah! ¿Te atreves a olvidarme? Excelente, me ausento sólo 6 años, te pones más buena que una ninfiliana y te olvidas de las amigas-

-¡Oseye, te extrañé tanto!- Solté un sollozo en su hombro, pero recuperé la cordura a tiempo. –Quiero decir, estos años fueron difíciles-

-¿Qué fue eso? ¿Te volviste Bipolar? ¿Y ahora qué, saldrá una bestia de la nada y nos atacará sin razón alguna?

Una de las cosas que detestaba de ella, era su ridículo imán de mala suerte. Los árboles de la izquierda se trozaron en dos, dejando al descubierto las fauces de un Mancil de 4 metros. Oseye y yo gritamos naturalmente, di media vuelta y corrí en dirección a la antigua casa de Oseye.

-¡Hey! ¡Ayúdame no puedo correr!- Gritó Osi.

-¡Súbete en mis hombros!-

-¡No me aguantas, estoy pesada!-

-Créeme que aguanto más de lo que parece, ¡vámos!-
Corrí lo más rápido que pude, sentía la respiración de aquella creatura sobre mi cabeza.

-¡Hey! ¡Me estás jalando las orejas!-

-¡Rápido que nos alcanza!-
Al fin la bestia se detuvo por alguna razón. Salimos de nuevo al claro como en aquella ocasión y nos tendimos en el pasto.

-Oye- la respiración me cortaba las palabras al hablar.

-¿Qué pasó?-

-¿Recuerdas cuando me encontraste en ese agujero hace 6 años?-

-Sí, ¿Qué tiene?-

-Pues la que te debía ya te la pagué-

-Ah, gracias por acordarte mínimo de algo-

-No seas mensa, me acuerdo de todo, ¿dónde has estado todo este tiempo?-

-Pues, es una larga historia-

-Tengo toda la mañana-

-Después de que mi navezota explotó, me llevaron a la Gran Capital Magma para recuperación, había perdido mucha sangre y no distinguía bien a las personas, en fin, escuché al doctor decir que iba a vivir otro rato más pero perdería las piernas, la recuperación fue larga y todos se olvidaron de mí-

-Yo te hubiera ido a ver, pero mis papás me prohibieron salir-

-Descuida, de todos modos no recordaba mucho, solo tengo imágenes de tu cara llena de cristales encima de mí, estuviera muerta de no ser por ti, cuando me dieron de alta, no sabía a donde ir, entonces me topé con el señor del robot descompuesto, él me llevó a sus tierras y me crió como una de los suyos, aprendí muchas cosas y me construí estas piernas de metal, aún trabajo en un diseño que le gusten a los chicos-

-Jaja ¿cuál diseño si ni puedes hablar con ellos?-

-¡Cállate Diana! Me arruinas el discurso, y bueno ¿tú que has hecho?-

-Pues como verás me puse en forma y aprendí a controlar el diamante-

-¿Enserio? ¡Wow, eso es genial!, hagan filas para salir con la señorita Diana muchachos-

-Jaja, tú siempre me sacas una sonrisa-

-Oye me tengo que ir- Se puso de pie - sólo quería verte, hace rato pasé a tu casa y me dijo tu mamá que no estabas así que te supuse que estarías aquí, ahora trabajo para la fuerza flywer diseñando máquinas, aún no me dejan construir pero pronto me quejaré jeje, vendré a verte cada que pueda-

-Está bien, cuídate-

-Chao nos vemos-

-¡Oseye!- Le grité mientras caminaba - lamento lo de tu madre-

Ella solamente se rió, y continuó su camino con un gesto de gratitud. Sacó un pequeño cascabel que después de sonarlo unos momentos, un ave gigantesca apareció como transporte.
 Nos volveremos a ver, vieja amiga.

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