Llevaba sin ver a Oseye 3 ciclos, algunos la dieron por
muerta pero yo aún sentía el calor de su amistad latir en mi pecho.
Los años fueron difíciles sin ella, no tenía quién me
defendiera, ni con quien jugar, ni con quien compartir secretos, tuve que
valerme por mí misma, comencé a ejercitar mis músculos cada mañana, y a
controlar mi habilidad sobre el diamante. Mi importancia a las demás personas
era indiferente, si alguien me insultaba lo callaba de un golpe, o si veía
injusticias por parte de los mayores, los callaba a palabras.
Una mañana, caminaba por el bosque donde lo hacía con Oseye,
y me adentré más allá de la espesa vegetación, hasta encontrarme con una grieta
que brillaba con el sol, dentro de ella saqué una roca muy blanca y
transparente, era hermosa, sólo yo debía poseerla. La enredé con una cinta de
mi vestimenta y me la até en el cuello. Esa hermosa piedra comenzó a darme una
energía sorprendente, sentía que podía aplastar a todos con mi meñique,
entonces cuando me encontraba en mi punto más alto de gloria escuché una voz
que venía desde atrás.
-Perdiste peso ¿eh? Me agrada-
-¿Quién eres?- Pregunté estúpidamente, aunque creía saber la
respuesta.
-¡Ah! ¿Te atreves a olvidarme? Excelente, me ausento sólo 6
años, te pones más buena que una ninfiliana y te olvidas de las amigas-
-¡Oseye, te extrañé tanto!- Solté un sollozo en su hombro,
pero recuperé la cordura a tiempo. –Quiero decir, estos años fueron difíciles-
-¿Qué fue eso? ¿Te volviste Bipolar? ¿Y ahora qué, saldrá
una bestia de la nada y nos atacará sin razón alguna?
Una de las cosas que detestaba de ella, era su ridículo imán
de mala suerte. Los árboles de la izquierda se trozaron en dos, dejando al
descubierto las fauces de un Mancil de 4 metros. Oseye y yo gritamos
naturalmente, di media vuelta y corrí en dirección a la antigua casa de Oseye.
-¡Hey! ¡Ayúdame no puedo correr!- Gritó Osi.
-¡Súbete en mis hombros!-
-¡No me aguantas, estoy pesada!-
-Créeme que aguanto más de lo que parece, ¡vámos!-
Corrí lo más rápido que pude, sentía la respiración de
aquella creatura sobre mi cabeza.
-¡Hey! ¡Me estás jalando las orejas!-
-¡Rápido que nos alcanza!-
Al fin la bestia se detuvo por alguna razón. Salimos de
nuevo al claro como en aquella ocasión y nos tendimos en el pasto.
-Oye- la respiración me cortaba las palabras al hablar.
-¿Qué pasó?-
-¿Recuerdas cuando me encontraste en ese agujero hace 6
años?-
-Sí, ¿Qué tiene?-
-Pues la que te debía ya te la pagué-
-Ah, gracias por acordarte mínimo de algo-
-No seas mensa, me acuerdo de todo, ¿dónde has estado todo
este tiempo?-
-Pues, es una larga historia-
-Tengo toda la mañana-
-Después de que mi navezota explotó, me llevaron a la Gran
Capital Magma para recuperación, había perdido mucha sangre y no distinguía
bien a las personas, en fin, escuché al doctor decir que iba a vivir otro rato
más pero perdería las piernas, la recuperación fue larga y todos se olvidaron
de mí-
-Yo te hubiera ido a ver, pero mis papás me prohibieron
salir-
-Descuida, de todos modos no recordaba mucho, solo tengo
imágenes de tu cara llena de cristales encima de mí, estuviera muerta de no ser
por ti, cuando me dieron de alta, no sabía a donde ir, entonces me topé con el
señor del robot descompuesto, él me llevó a sus tierras y me crió como una de
los suyos, aprendí muchas cosas y me construí estas piernas de metal, aún
trabajo en un diseño que le gusten a los chicos-
-Jaja ¿cuál diseño si ni puedes hablar con ellos?-
-¡Cállate Diana! Me arruinas el discurso, y bueno ¿tú que
has hecho?-
-Pues como verás me puse en forma y aprendí a controlar el
diamante-
-¿Enserio? ¡Wow, eso es genial!, hagan filas para salir con
la señorita Diana muchachos-
-Jaja, tú siempre me sacas una sonrisa-
-Oye me tengo que ir- Se puso de pie - sólo quería verte,
hace rato pasé a tu casa y me dijo tu mamá que no estabas así que te supuse que
estarías aquí, ahora trabajo para la fuerza flywer diseñando máquinas, aún no
me dejan construir pero pronto me quejaré jeje, vendré a verte cada que pueda-
-Está bien, cuídate-
-Chao nos vemos-
-¡Oseye!- Le grité mientras caminaba - lamento lo de tu
madre-
Ella solamente se rió, y continuó su camino con un gesto de gratitud. Sacó un pequeño cascabel que después de sonarlo unos momentos, un ave gigantesca apareció como transporte.
Nos volveremos a ver, vieja amiga.
Nos volveremos a ver, vieja amiga.