-¿Estás bien?- preguntó Oseye, mi mejor amiga.
-Creo que sí-
-Esos hijos de su..-
-¡No lo digas! Te oirán-
-Que importa, vamos párate. Mamá dijo que no estabas y vine
a buscarte, vamos, vamos, te quiero mostrar mi nueva navezota, por cierto me
debes una.-
Seguí a mi mejor amiga por el bosque rumbo a su casa, cuando
llegamos al claro, vimos a la señora Jaqueline preparando dos sándwiches con
mermelada azul, mi favorita.
-Aquí tienes mi vida- dijo la señora Jaqueline, mientras le
daba las rebanas de pan a Osi.
-Gracias mamá, no te olvides de darle a Dianis también, iré
por mi navezota-
-Ten cuidado preciosa, no te vayas a lastimar. Toma pequeña-
-Gracias señora- Visualicé la viscosa forma en que la
mermelada resbalaba por mis manos en la primer mordida.
-¿Te quedarás a dormir hoy? Osi lleva preguntando si lo
harás toda la tarde-
-No sé, mi papá dijo que me vendría a traer pero ya se
tardó, y mi mamá no estaba desde la mañana-
-Tu padre es un hombre ocupado, quizás no venga hasta mañana
y puede que se preocupe si le dices que regresaste sola a tu casa, quédate,
tengo una pijamita extra y cobijas limpias, hará frío esta noche-
-Bueno-
El suelo comenzó a temblar, un terrible crujido se escuchó
detrás de la casa de Oseye, y cuando terminé de tragar el pan de la señora,
apareció Oseye arriba de una monstruosa máquina hecha con alambres, tubos
oxidados y el motor de aquel robot descompuesto que nos encontramos hace unos
días en el taller de un viejo Flywer.
-Santa Madre Geasis, Oseye ¡Bájate en este instante!-
-Espérate mamá, también puede saltar mira-
Oseye accionó una enorme palanca oxidada pero la maquina no
respondió, se puso inestable y comenzó a lanzar llamaradas de chipas por la
parte de enfrente.
-¡Mamá ayúdame!- Exclamó casi llorando mi mejor amiga. La
señora Jaqueline se movió rápido y materializó hielo en las patas de la
máquina, impidiendo su movilidad. De un salto llegó a la cabeza del monstruo,
tomó a Osi del pijama y la lanzó hacia mí segundos antes de que la máquina
explotara. Logré interceptarla, después de caer al suelo me puse encima de ella
y cerré los ojos para soportar la caída libre de la máquina incendiada en mi
espalda.
Yo estaba atemorizada, tendida en el frío pasto, encima del
cuerpo desangrado de mi mejor amiga, sentía mi cuerpo pesado y mis fuerzas se
drenaban por el piso, después de un respiro, perdí el conocimiento.
La señora Jaqueline tenía razón, esa noche fue la más fría
del ciclo.
Un rayo de sol me despertó en mi cama, tenía una venda
enrollada en la cabeza y mi mamá estaba tallándome los pies con solución.
-Qué bueno que estás bien pioja, como no despertabas me
preocupé-
-¿Dónde está Oseye? ¿Qué pasó con la señora Jaqueline?-
-Oseye y su mamá están bien, gracias a Geasis, y tu pioja
¿Por qué no regresaste antes a la casa? ¿Ves lo que pasó? ¡Pudiste haber…
muerto!-
¿De qué se trataba esa respuesta? No respondió mi pregunta,
estaba harta de que me ocultaran siempre las cosas, todos creían que porque
estaba pequeña era tonta, yo sabía que era imposible que alguien sobreviviera a
esa explosión, pero la que más me importaba ahora era mi mejor amiga.
-Mamá ¿Dónde está mi amiga Oseye? La quiero ver- insistí
desesperadamente.
-Se la llevaron a que la atendieran, acuéstate no puedes
verla-
-¡Pero yo quiero verla!- Solté un terrible grito. Mi cama
vibró y las patas que las sostenían se rompieron a causa del exceso de mi peso.
Mi mamá se asustó al ver que el pie que me tallaba, se había convertido en una
bonita bota de diamante blanco cristalino.
-No puede ser. Pioja controlas el diamante-
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